La OCDE planea un proyecto de reforma y ampliación: Un verdadero ciclón renovador

La OCDE es la sigla por la que se conoce a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (o el “Club de los países desarrollados”, como quieran llamarle), una organización internacional compuesta por 30 países que busca coordinar políticas económicas, de educación y medio ambiente que potencien el desarrollo y la expansión económica mediante el fortalecimiento del comercio mundial.
Históricamente, la OCDE ha sido el bastión de un modelo económico que entiende como requisito básico para el desarrollo la liberalización del comercio internacional y la apertura de los mercados de bienes y capitales; preceptos que, de acuerdo al actual estatuto, deben ser cumplidos por aquellos estados que pretendan ingresar como miembros a la organización.
La reunión ministerial anual finalizó ayer en su sede de París. En ella se avanzó en los planes de incorporación de cinco nuevos países a uno de los grupos de mayor exclusividad en el complejo entramado de las relaciones internacionales. Los candidatos serían Rusia, Chile, Israel, Eslovenia y Estonia, de lo cuál, ya se viene discutiendo y negociando desde mayo del año pasado.
El ingreso de nuevos estados a la OCDE es un asunto largo y complejo. Desde la entrada de Eslovaquia en el año 2000, no ha habido nuevas anexiones a la organización. Las negociaciones se iniciarán por separado con cada uno de los cinco postulantes, proceso que puede llevar años o puede incluso, verse truncado de manera definitiva.
A la vez, este último consejo decidió comenzar la creación de un nuevo estatuto de cooperación que permitiría sentar las bases para una posible adhesión de otros cinco países emergentes: Brasil, China, India, Indonesia y Sudáfrica.
Esta fue una decisión bastante difícil para una organización caracterizada por preceptos a primera vista incompatibles con la política de mercado adoptada por China principalmente. No veo cómo un estado caracterizado por su afán proteccionista y su marcado dirigismo económico puede compatibilizar con un modelo neoliberal a la hora de discutir políticas y tratados que estimulen la competencia internacional. Sería una verdadera evolución en lo que respecta a las relaciones internacionales.
¿Quién sabe? De concretarse este proceso, más que de aire, estaríamos hablando del paso por la OCDE de un verdadero ciclón renovador.
Vía | El Mundo
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