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Febrero 11, 2008

No hay nada como una buena alimentación: Infancia, alimentación y pobreza

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Como toda persona de ciencias soy apasionado por las investigaciones, por cada paso que la humanidad avanza para alejar el horizonte que señala la frontera de nuestro conocimiento. Más aún me interesan los estudios que de alguna manera, contribuyen a brindar una respuesta a las problemáticas concretas que enfrentan los pueblos y en particular, los sectores más necesitados. No es porque sea una persona pragmática, sino porque considero que donde hay vidas en peligro, donde hay miseria y niños que lloran por un trozo de pan, es donde deberían estar centrados nuestros más grandes esfuerzos.

Si yo les dijera, como si de una novedad se tratara, de que un bebé mejor alimentado tiene mayores posibilidades de mejorar su posición económica que otro cuya alimentación fue de carácter precaria, ustedes me dirían que no hace falta ni formación económica ni un gran ingenio para arribar a esa conclusión.

Sin embargo, es justamente el demostrar esa afirmación lo que ha llevado a un grupo de científicos 30 años de , cuyos frutos pueden modificar la forma en la que se conciben los programas de ayuda a los países en desarrollo.

Para ello, los investigadores arribaron a una pequeña población de muy bajos recursos en Guatemala durante la década de los ’70. Allí, dividieron en dos a la totalidad de la población y suministraron a cada uno de los grupos alimentos diferentes para brindarles a sus bebés hasta que alcanzaran los tres años de edad. Uno de esos productos contenía un valor nutritivo sensiblemente superior al otro.

Treinta años después, al regresar a la población, se llevaron una verdadera sorpresa al constatar que aquellos individuos que en su niñez pertenecieron al grupo de alto valor nutritivo, percibían un ingreso casi un 50% superior por cada hora trabajada. Si bien, existen muchas variables que explican el diferencial de ingresos entre dos individuos, este estudio demostró que el valor nutritivo de los alimentos ingeridos en los tres primeros años de vida, es un factor para nada despreciable.

De esta forma, podrían encausarse varios de los programas para el desarrollo, teniendo en cuenta la calidad de la alimentación como una variable fundamental; no como un mecanismo asistencialista sino como un motor que, junto con otras medidas, dé el empujón inicial a las personas para alcanzar el tan deseado objetivo de la autodependencia económica.

Vía | BBC


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