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Febrero 26, 2008

La punta del iceberg: Las patentes internacionales y la batalla por el queso parmesano

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La Unión Europea se ha vuelto sumamente estricta con las denominaciones de origen de alimentos y bebidas característicos de una región. Muchas veces, conocemos el producto por un nombre determinado, asociado a un punto específico del planeta, pero que sin embargo está fabricado en otro muy distinto. Eso, para la Unión Europea es un grave delito.

Mientras que millones de personas en el mundo aseguran haber probado alguna vez el queso parmesano, puedo asegurarles que la mayoría no lo ha hecho, sino que ha sido víctima de una imitación. La denominación “parmesano” no hace referencia a un tipo genérico de queso sino a la variedad que se fabrica exclusivamente muy cerca de la ciudad italiana de Parma desde hace más de 800 años por el Consorcio de Queso Parmigiano-Reggiano.

Mientras que los alemanes pelearon por convertir ese nombre en un género de queso, la Unión Europea dio la razón a los italianos y la denominación “parmesano” no sale de Parma, convirtiendo en meras imitaciones las 10.000 toneladas de queso producidas en Alemania que hasta hace poco eran comercializadas internacionalmente como queso parmesano.

Sobran antecedentes sobre juicios similares, particularmente en la industria quesera. Para no ir más lejos, durante el 2005 el tribunal europeo dictaminó que el queso feta provenía únicamente de Grecia y que ningún otro país podía utilizar ese nombre, un hecho que dañó de forma importante a los productores dinamarqueses.

El tema de fondo no deja de ser el de las patentes, quién tiene o no el derecho de comercializar determinados productos o bajo qué nombres o condiciones puede hacerlo. Una temática verdaderamente compleja cuyas repercusiones alcanzan niveles millonarios a favor de algunos y en desmedro de otros tantos productores.

Quizás, cuando el conflicto por patentes se da entre países con similar poder económico, ese efecto pueda estar más atenuado. Sin embargo, cobra su mayor peligrosidad cuando en él se enfrentan países emergentes contra grandes potencias mundiales. Al respecto, existe una extensa bibliografía que se centra principalmente en los efectos de los Tratados de Libre Comercio entre naciones tercermundistas y los Estados Unidos, y la forma en la cuál, se ve prohibida la explotación de determinados recursos autóctonos con técnicas ancestrales por haber sido patentados por grandes multinacionales de, por ejemplo, el sector farmacéutico.

Es decir, la batalla de los quesos no es más que la punta de un iceberg de colosales dimensiones.

Vía | Yahoo! Noticias


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