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Marzo 3, 2008

¿Cómo afecta la tristeza a nuestros niveles de gasto y de consumo?

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La construcción de modelos científicos parte de una simplificación de la realidad con el fin de aislar nuestro objeto de estudio y permitirnos comprender mejor su funcionamiento. Un supuesto simplificador que adopta en muchas oportunidades la ciencia económica es que los seres humanos actuamos de forma racional para obtener un mayor nivel de satisfacción.

Se trata de un supuesto muy fuerte que de a poco, la ciencia económica está intentando romper. Para ello, se basa de herramientas y contribuciones de muchas otras ciencias como la psicología y la sociología. Un estudio conjunto entre las universidades de Harvard, Carnegie Mellon, Stanford y Pittsburgh nos ayuda a ejemplificar este punto y de paso, a conocer un poco más nuestro comportamiento como consumidores.

Todos pasamos alguna vez por un momento de tristeza. Todos nos vimos, en alguna medida, desbordados emocionalmente hasta el punto de sentirnos desganados, angustiados, deprimidos y desmotivados. La pregunta que motivó la es hasta qué punto ese estado emocional adverso influye en nuestros hábitos de consumo.

La respuesta es verdaderamente asombrosa. La tristeza nos hace gastar más e incluso, llegar al extremo de despilfarrar nuestro dinero. El estado emocional adverso provoca un retraimiento de las personas y una revalorización tanto de ellas mismas como de los bienes que poseen.

La disposición a gastar y consumir se encuentra sumamente relacionada con la forma en la que valoramos nuestro dinero y el esfuerzo que hicimos para conseguirlo. El valor es un criterio muy subjetivo. Cada uno lo asigna a los más variados objetos, personas, situaciones y sensaciones de manera distinta. La tristeza modifica nuestra escala de valores y resta importancia a nuestras cosas y a nuestro dinero, incrementando así nuestra disposición a gastar más para sentirnos mejor.

Este proceso, por más lógico que parezca, lo realizamos de forma completamente inconsciente. No asociamos conscientemente el incremento en nuestro nivel de gastos a nuestro estado emocional. Aún así, las personas depresivas son más proclives al consumo compulsivo y a generar un nivel de endeudamiento importante que atente contra su propia calidad de vida, un fenómeno que acentúa aún más su estado emocional negativo y los introduce en un círculo vicioso de muy difícil salida.

La tristeza está muy ligada con la economía después de todo.

Vía | Muy Interesante


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