El impacto de los biocombustibles: ¿Bendición o maldición?

Muchas veces, cuando se habla de biocombustibles (y me incluyo) se tiende a mostrar su desarrollo como una alternativa ecológica a los combustibles fósiles. Sin embargo, la ciencia aún no posee un consenso al respecto.
El Premio Nobel en Química, Hartmut Michel, es uno de los especialistas que considera que los biocombustibles no ahorran emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Incluso, dependiendo de la superficie utilizada para el cultivo de materias primas destinadas a su producción, puede agregar un mayor daño ecológico del que repara.
El proceso de producción de biocombustibles genera una menor emisión de dióxido de carbono a la atmósfera que la explotación de petróleo y su refinamiento, eso es cierto. Sin embargo, puede acarrear otros efectos ecológicos negativos como la destrucción de selvas y praderas naturales y su deforestación, la utilización de grandes cantidades de agua y su contaminación a partir de la implementación de pesticidas y fertilizantes ilegales.
Además, puede derivar en costos muy importantes para la economía mundial, principalmente para las poblaciones más necesitadas, pues tiende a incrementar el precio de los alimentos básicos. En consecuencia, se pone en duda si se trata de una alternativa sustentable, ecológica y económica en relación a los combustibles fósiles.
Aún así, los biocombustibles tienen varios puntos a favor que los pone por encima de las alternativas tradicionales: son cien por ciento perfectibles. El etanol aún se encuentra en su fase más primitiva de desarrollo. Esto quiere decir que la ciencia puede hacer mucho por solucionar sus deficiencias y lograr superar sus limitaciones.
Un ejemplo es el desarrollo de biocombustibles a través de la remolacha azucarera en lugar del maíz, en un proceso más limpio y eficiente. Otro, es el surgimiento de los llamados biocombustibles de segunda generación, que no necesitan cultivos dedicados sino que se extraen de la basura urbana y de los restos vegetales y animales. Sin embargo, esta variante aún se encuentra dando sus primeros pasos.
No caben dudas de que el futuro de los combustibles no provendrá de yacimientos fósiles. El debate gira en torno a la necesidad de maximizar la eficiencia y minimizar los impactos ambientales y los costos económicos. Las soluciones pasan por la búsqueda de nuevas fuentes de energía y de nuevas estrategias de explotación agrícola compatible con esos objetivos.
Vía | El Mundo
Tags: Biocombustibles, Economía sustentable, etanol, Matriz Energetica
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