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Marzo 14, 2008

Pidiendo peras al olmo: Ben Bernanke culpabiliza al sector privado por la crisis hipotecaria

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Ayer dimos una rápida revista a las causas de la crisis hipotecaria desde una visión técnica y encontramos en la permisividad del estado y en las prácticas irresponsables de las entidades bancarias, los motivos principales que llevaron al derrumbe del mercado inmobiliario.

Hoy, Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, advirtió sobre la propagación de la hipotecaria a otros mercados. Si revisamos las opiniones de los analistas desde finales de 2007, encontraremos un elemento común: todos aseguraban que la ya se había expandido. Las cifras pronunciaron por sí solas ese mismo discurso, que el consumo estaba en descenso, que los empleos comenzaban a destruirse, que el producto se desaceleraba. Aún así, Bernanke viene a advertir hoy sobre la propagación de la hipotecaria.

Pongámoslo en claro: de un tiempo a esta parte, la se ha estado expandiendo a la mayor parte de los mercados. Las culpas, según Bernanke, recaen de lleno en el sector privado. Los US$ 190.000 millones en pérdidas y depreciación de las carteras de préstamos en los bancos son producto de su propia negligencia a la hora de prestar, cayendo en un frenesí de riesgos desmedidos.

Sin embargo, luego agrega que de todas formas, el otorgamiento de préstamos a compradores con malas referencias crediticias (que cuando el bien adquirido es un inmueble, dan origen a las llamadas hipotecas subprime) ha sido beneficioso en el pasado y lo seguirá siendo en el futuro.

Detrás de este discurso, aparentemente incoherente, se esconde el dolor por la caída de un paradigma que ha acompañado durante años a la administración estadounidense: el debilitamiento de la regulación al como mecanismo de estímulo y dinamización de la economía.

Mi razonamiento se opone en buena medida al de Bernanke. Si los operadores financieros actuaron mal, buena parte de las culpas debe recaer en el gobierno, que es en definitiva, quien permitió a los particulares actuar de esa manera y a la vez, quien debe velar por los intereses de la sociedad en su conjunto.

Las instituciones financieras velan (y está muy bien que así lo hagan) por el interés de sus ahorristas, no por el de la población en general. Por lo tanto, ¿confiaríamos en los bancos como guardianes de la estabilidad macroeconómica?… No pidamos peras al olmo.

Vía | La Vanguardia


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