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Abril 4, 2008

Hambre y Pobreza: Micronutrientes y educación en nutrición

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Existe un consenso bastante extendido de que el y la no pueden ser erradicadas mediante un programa de ayudas internacionales que brinde alimentos a las poblaciones en situación de extrema .

No hay soluciones mágicas a la hora de hablar de inequidad, de exclusión social y de extrema. Las , por más que generen una relación de dependencia entre facilitadores y beneficiarios, son necesarias para asegurar la supervivencia de esos millones de niños, mujeres y hombres que ven depender su existencia de los envíos de alimentos que realiza la comunidad internacional.

Un trabajo de investigación multidisciplinaria realizado en la Universidad Wilfrid Laurier en Canadá apunta a la optimización de la inversión en materia alimenticia para la racionalización de las ayudas a las poblaciones críticas.

El proyecto tendría un costo anual de unos US$ 1.200 millones e incluye la incorporación de micronutrientes y suplementos alimenticios en las ayudas alimenticias y la creación de un programa educativo del nivel más básico que permita dotar a las madres de una serie de enseñanzas para la mejor alimentación de sus bebés.

Micronutrientes como el complemento de hierro en la harina, el yodo en la sal y las cápsulas de vitamina A serían aliados invaluables en la lucha contra la anemia, la falta de inmunidad en poblaciones infantiles y un sinfín de enfermedades y carencias que cobran millones de víctimas anualmente en el Tercer Mundo.

Esta política, acompañada de un programa de educación en nutrición para la promoción de la lactancia materna de los bebés, con un costo de US$ 798 millones, significaría un importante salto en materia alimenticia para atender una situación crítica en el corto plazo, a la espera de soluciones estructurales más difíciles de alcanzar.

No podemos descansar en organismos internacionales la tarea de hallar respuestas a la extrema. Son los distintos actores sociales los que deberían incentivar un cambio cultural para que la sociedad vea a la no como un problema de otros sino desde una perspectiva más humana y más empática, en la que cada uno se sienta cómplice y responsable de la reproducción de un modelo que fomenta la insatisfacción de las necesidades básicas de las grandes mayorías.

El mundo será el que nosotros queramos que sea. No es una cuestión de voluntad política sino de compromiso social.

Vía | Yahoo! Noticias


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