La semilla de la discordia: Los biocombustibles y el proteccionismo europeo en guerra

“Un verdadero crimen para la humanidad” sostiene Jean Ziegler, relator de la ONU, y “un verdadero problema moral”, asegura Dominque Strauss-Kahn, director gerente del FMI. De esta manera, los organismos internacionales, con los pies bien plantados en el Norte, se refieren a la producción de biocombustibles.
¿Es realmente un problema la producción de etanol y debería ser prohibida por los gobiernos del mundo? Yo creo que no. Leyendo hoy las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, encontré la mejor manera de explicar la situación actual.
Europa pelea por la desaprobación mundial de los biocombustibles. Ellos atribuyen a su producción la escalada de los precios internacionales de los productos agrícolas que encarecen los alimentos en general y producen fuertes oleadas inflacionistas en el mundo entero. Por tanto, dicen, la expansión de los biocombustibles trae aparejada la profundización del hambre y la pobreza.
Sin embargo, no es la producción de biocombustibles el principal factor que influye en el precio internacional de los alimentos, sino en buena medida, las crecientes tasas de subsidio que establece la Unión Europea para proteger la ineficiente producción agrícola regional. Ese, para ellos, no constituye un “problema moral”.
El proteccionismo europeo impide que las economías agroexportadoras, es decir, los países de América Latina, el Caribe y alguna naciones africanas que sí poseen un elevado potencial agrícola, puedan desarrollar su actividad con miras a los mercados europeos, contribuyendo además al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de un gran número de países que no alcanzan a ver satisfechas las más básicas necesidades alimenticias.
América Latina ha visto despegar varias de sus economías justamente, por la rentabilidad que ofrecen las plantaciones agrícolas como insumo para la producción de biocombustibles. Parece ser que todo elemento que beneficie a las economías en desarrollo perjudicando (aunque en menor medida) a las economías desarrolladas, es visto como “un crimen contra la humanidad”.
Hay dos grandes soluciones contra el incremento de los precios internacionales de los alimentos. La primera implica la desaparición de los biocombustibles en perjuicio directo de las economías subdesarrolladas; la segunda, es la eliminación de las barreras arancelarias y los subsidios de protección a la producción agrícola europea. Es verdad, la decisión plantea “un verdadero problema moral”, sin embargo, me permito discrepar, por obvias razones, con la valoración ética que los organismos internacionales realizan ante una y otra posibilidad.
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Tags: Alimentos, Biocombustibles, Economia Latinoamericana, economias emergentes, inflacion, Mercado Agricola, Proteccionismo
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