Los buenos y los malos jefes: La capacidad de liderazgo en el mundo empresarial

Mucho se habla en los últimos tiempos sobre liderazgo y la mejor manera de llevar adelante un emprendimiento. Adentrándome en un campo que no es el mío voy a intentar dejar algunas ideas, todas ellas discutibles, sobre el mundo empresarial y la creciente valoración de la capacidad de liderazgo.
El mundo de los negocios está en perpetua transformación. La actitud emprendedora del Siglo XXI poco tiene que ver con aquella que predominó en los años 80. La relación entre la empresa y el cliente ha cambiado, como así también, los códigos que rigen tanto la dinámica interna como externa de la organización.
Una realidad distinta requiere una actitud diferente. En una época de cercanías, de entendimientos y flexibilidad en el relacionamiento interno, es que se sustituye una visión anacrónica del empleado y el empleador como individuos caracterizados por el choque de intereses y la oposición entre los fines y metas personales de cada uno; por una visión del trabajo ligada a la conjunción de objetivos, a la identificación de las necesidades individuales y a la búsqueda del mejor camino para maximizar el bienestar grupal.
La tarea del líder no pasa por la manipulación, por sembrar el terror en el personal a su cargo, siempre persiguiendo el máximo beneficio del trabajo ajeno al menor costo posible. Esta visión es la clara imagen del jefe intransigente, prepotente, que jamás escucha a un subordinado y hasta disfruta faltándole el respeto y humillándolo, que padece de una total incompetencia directiva y de la falta de trato a nivel humano.
El liderazgo pasa, en cambio, por una actitud proactiva, caracterizada por la búsqueda de la eficiencia a través de la motivación de un equipo de trabajo al que se le escucha y respeta, haciendo saber a cada miembro su importancia para el crecimiento de la empresa. Pasa también por la habilidad para comunicar ideas y objetivos, estrategias y resultados; pero principalmente, por la utilización de la empatía a la hora de tratar con los empleados, es decir, saber ponerse en la situación del otro y desde allí elaborar un discurso, una propuesta o una observación que contemple las particularidades del receptor y genere motivación en lugar de rechazo.
El mundo está lleno de buenos y malos jefes. Los primeros, son quienes mejores beneficios obtienen de su fuerza de trabajo, que es en definitiva, el mayor diferenciador que una empresa puede obtener respecto a su competencia.
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Tags: Capacidad de Liderazgo, Economia y negocios, Emprendedores, Empresas
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