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Abril 23, 2008

La creciente polarización europea respecto a las políticas del Banco Central

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Cuanto más cerca se vislumbra el comienzo de un período recesivo para la economía estadounidense, el mundo entero comienza a evaluar con otros ojos las instituciones de regulación y el accionar político de las diferentes naciones.

Organismos e instituciones que en tiempos de bonanza trabajaron bajo un estricto consenso y se vanagloriaron de la aplicación de políticas económicas fundadas en la amplia conjunción de intereses y perspectivas, se ven sacudidos por una serie de conflictos internos y una pluralidad de miradas que no logran converger a un mismo punto.

Tal es el caso del , cuya línea de acción está siendo duramente cuestionada por un creciente número de líderes políticos de los Estados miembros.

El Banco Central, como unidad a cargo de las herramientas de regulación monetaria de la zona euro, está a cargo de, entre otras cosas, la emisión de numerario y la fijación de las tasas de interés de referencia, influyendo así de manera importante en los niveles de precios y producción del Viejo Continente.

Recientemente, el jefe de gobierno italiano, Silvio Berlusconi, y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, alzaron sus voces en contra de la política llevada adelante por la institución monetaria, que prioriza el control de la inflación, permitiendo una creciente desaceleración del producto.

En el bando contrario, los ministros de Finanzas de Alemania y Luxemburgo, Thomas Mirow y Jean-Claude Juncker, defienden la posición del Banco Central y hacen hincapié en la diferenciación entre la institución monetaria europea y su par norteamericana en cuanto a la función que cumplen en la economía en la que están insertas.

Mientras que la Reserva Federal de los Estados Unidos tiene como misión la gestión política orientada hacia el control de la inflación, la generación de empleo y el crecimiento del producto; el Tratado de Maastricht, firmado en 1992, que sienta las bases de la unión económica y monetaria europea, establece con claridad como tarea central del BCE, el mantenimiento de la estabilidad de los precios.

Lo cierto es que el conflicto polariza cada vez más a los países europeos. Cuando una crisis se aproxima, las naciones tienden a olvidar los objetivos comunitarios e intentar salvaguardar sus propias economías, velando por aquellas políticas que le aseguren un mayor resguardo frente a la tormenta.

Vía | AFP


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