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Abril 25, 2008

El porqué de la renuncia del ministro de Economía argentino

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Hoy salté de la cama con la noticia que recorre todos los periódicos de la Argentina y de buena parte del mundo. El ministro de Economía, Martín Lousteau, abandonó su cargo en la pasada madrugada.

La Argentina se caracteriza por devorar titulares de esa cartera. Muchos analistas políticos encuentran buena parte de la explicación en el personalismo y la concentración de poder por parte de la figura presidencial que opaca y minimiza la capacidad de decisión del ministro de Economía. El desacuerdo entre el titular de la cartera y el presidente han sido la causa, desde 1950, de 54 cambios de cabeza en el ministerio de Economía argentino.

En los 134 días que ejerció su cargo, Lousteau vio fuertemente acotada su libertad de acción ante el poder avasallante de figuras como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de particular confianza para la dinastía Kirchner. La corrección de la metodología para la medición de la inflación, la regulación en torno a los permisos de exportación, las negociaciones con los sectores rurales ante la huelga agropecuaria, fueron todas actividades íntimamente relacionadas con la cartera de Lousteau, de las cuales, el ministro se vio directamente excluido.

Aún así, sería muy reduccionista el explicar esta renuncia únicamente a través de motivos políticos. Las diferencias que en repetidas ocasiones el ex ministro hizo notar respecto al rumbo que toma la política económica en manos de la presidenta y su marido, giran en torno a la problemática inflacionaria y al endeudamiento externo, dos temas tabú para el gobierno argentino.

Allegados a Lousteau afirman que está convencido de que la inflación argentina ya ha alcanzado al 22% anual y que la situación va de mal en peor. La cuestión es sencilla. Ningún economista puede defender las cifras oficiales de inflación, ni descartar la urgente atención que merece el alza de precios.

El gobierno se hunde ante su incapacidad de captar financiamiento extranjero. Lousteau buscó dialogar con los acreedores y el gobierno lo condenó al silencio. Está claro que la economía argentina será dirigida no por el nuevo ministro, Carlos Fernández (estrechamente ligado a la familia Kirchner), sino directamente, por una presidencia que desconoce la división de tareas y hace oídos sordos a las necesidades del país. Está claro también que el rumbo que está tomando no es el que lleva a la estabilidad, al crecimiento, a la igualdad y el desarrollo. Muy por el contrario, el futuro de la Argentina, se está empezando a oscurecer.

Más Información | BBC Mundo | Clarín | Infobae | La Nación


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